Gaza, la pantalla y la herida de la verdad
Hay días en que uno abre el teléfono y no encuentra noticias: encuentra escombros.
Escombros de edificios.
Escombros de cuerpos.
Escombros de lenguaje. Gaza ha terminado por convertirse en eso: una guerra real y, al mismo tiempo, una demolición industrial de la posibilidad de saber. No hablo solo de la propaganda, que ha existido siempre y probablemente acompañó a la primera piedra lanzada en la primera ciudad sitiada de la historia. Hablo de algo más viscoso y más contemporáneo: la conversión del horror en flujo, en clip, en mercancía moral de consumo rápido. Vemos una explosión, una niña ensangrentada, un hospital ennegrecido, un periodista jadeando ante la cámara, y en segundos ya no estamos ante un hecho sino ante su secuestro. Lo toma un bando, lo toma el otro, lo toman los adictos al algoritmo, lo toman los comerciantes del escándalo, lo toman esos medios que ya no informan: administran tráfico. La verdad, mientras tanto, llega tarde. Cojeando. Con polvo en la ropa. En Gaz...




