2026 no es irreal: IA, benchmarks y crisis del examen
Y de pronto estamos aquí, en una época que ya no se deja resumir en ningún relato corto. Esta era exige escenarios imprevistos, atmósferas raras, multitud de personajes caóticos, casi un género literario propio. Uno abre X para matar unos minutos —ese cementerio fosforescente donde las opiniones se pudren de pie— y se encuentra con una procesión de anomalías que hace apenas cinco años habrían parecido material descartado de una mala serie de ciencia ficción: una demanda que acusa a ChatGPT de actuar como abogado sin licencia y de empujar a una mujer a una cadena de escritos judiciales sin fundamento; una pieza de Wired donde Claude “va a terapia” con ELIZA; la salida de Caitlin Kalinowski de OpenAI en medio de inquietudes por el acuerdo de la empresa con el Pentágono; un clima cultural en Silicon Valley donde hasta la fritura cognitiva puede ser celebrada como virtud memética; y, por si faltara algo para completar la sobremesa, neuronas humanas cultivadas sobre hardware jugando D...




