El gran Maca y el pequeño César
La primera vez que fui DJ no hubo audífonos, mezcladora, luces estroboscópicas ni esa solemne tontería contemporánea de levantar una mano al cielo mientras la otra finge descubrir el fuego. Había, si la memoria no me embellece demasiado la escena, un pequeño tocadiscos Grundig familiar, un sencillo de siete pulgadas y una sala llena de adultos que bailaban con esa felicidad un poco desordenada de las fiestas de antes, cuando nadie necesitaba registrar cada brindis para demostrar que había estado vivo. El disco era “Mrs. Vanderbilt”. El grupo, Wings. Y el hombre detrás de esa canción —aunque yo todavía no lo entendiera del todo— era Paul McCartney, Maca, el Beatle que para mí no entró primero por la puerta monumental de la historia, sino por una puerta doméstica, bailable, casi tropical, puesta en movimiento por mis padres y sus amigos. Mientras ellos bailaban, yo aprendía a manejar el tocadiscos con la seriedad de quien manipula una nave espacial: levantar el brazo, buscar el sur...








