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El árbol de arupo: escuchar a un hijo florecer en dos movimientos

Uno cree que conoce la música que ha puesto en casa. Los discos que giraron durante años, las conversaciones sobre bajos, baterías, mezclas, portadas, conciertos imposibles, vinilos encontrados con la emoción de quien descubre una reliquia menor de una civilización ya desaparecida. Uno cree que todo eso queda en alguna parte, flotando como polvo de aguja sobre la memoria familiar, hasta que un día el hijo presenta su trabajo de fin de carrera y algo extraño ocurre: ya no está escuchando lo que uno le enseñó, sino lo que él hizo con todo aquello para decir otra cosa. Ese fue mi primer estremecimiento al escuchar El Árbol de Arupo , el trabajo de graduación de Gabriel como productor musical en la Universidad San Francisco de Quito. Debo advertir lo obvio: escribo como padre, y ningún padre escucha limpiamente. El oído paterno viene con una ecualización sentimental de fábrica, con graves de orgullo, medios de ternura y agudos de preocupación. Pero también escribo como alguien que ha pas...

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