Ciudad en clave solar. Spinetta escucha lo que Xul pinta
Buenos Aires tiene días en que parece una ciudad diseñada por un músico distraído y coloreada por un pintor místico. Semáforos que cambian de luz como si improvisaran un solo, edificios que no terminan de creerse rectos, balcones que cuelgan sobre avenidas con vocación de río. En uno de esos días, saliendo del museo, todavía con los ojos llenos de Xul Solar, me encuentro tarareando una melodía de Spinetta. No es casualidad: hay algo en esos cuadros—ciudades escalonadas, escaleras hacia ninguna parte, idiomas inventados– que se parece demasiado a la forma en que el Flaco organizó su música. Como si ambos hubieran trabajado, en épocas distintas, sobre el mismo plano oculto de Buenos Aires. Xul dibuja una ciudad que parece vista desde arriba y desde adentro al mismo tiempo. Spinetta compone canciones donde la armonía funciona como laberinto vertical. Uno llena papeles de acuarelas y panlenguas; el otro llena discos de acordes imposibles y palabras que parecen venir de un dialecto futuro. ...






